Ruta Profundu

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Datos básicos

Clasificación: Turismo activo

Clase: Rutas en Asturias

Tipo: Rutas

Comunidad autónoma: Principado de Asturias

Provincia: Asturias

Municipio: Villaviciosa

Parroquia: Villaviciosa

Entidad: Villaviciosa

Comarca: Comarca de la Sidra

Zona: Oriente de Asturias

Situación: Costa de Asturias

Código postal: 33300

Cómo llegar: Ruta Profundu

Dirección digital: 8CMPFHJ8+73

 

Ruta Profundu

Descripción:

Esta ruta está calificada como «Ruta a pie»

  • Acceso: Desde Villaviciosa, villa distante 7,9 km, el pueblo de Buslad o Buslaz tiene acceso por la carretera regional AS-332, desviándose por un pequeño ramal poco después de pasar Breceña.
  • Se inicia el recorrido en Buslaz, pueblo a 7 km de la villa de Villaviciosa, siendo el final en Amandi
  • Distancia: 7 km

Descripción de la ruta

Esta ruta visita los molinos del río Profundu, que nace en los límites del concejo de Villaviciosa con los de Cabranes y Piloña.

De cauce estrecho, abundante caudal en épocas de crecida, transita en su mayor parte por hondas vaguadas cubiertas por una gran variedad de vegetación autóctona (robles, olmos, álamos, castaños...); tampoco falta la fauna, integrada por jabalíes, zorros, corzos y nutrias, así como truchas.

Recorre una distancia de unos 12 kilómetros hasta desembocar en el río Viacaba y en su trayecto por el concejo de Villaviciosa discurre por las parroquias de Breceña, Coru, Fuentes, Lugás y Amandi, en otro tiempo abastecidas de harina por molinos que, hasta un total de veintidós, lo jalonaban a lo largo de nueve kilómetros aproximadamente.

De ese número de ingenios, nueve eran de propiedad privada, o lo que es lo mismo, quienes molían debían satisfacer a su propietario o molinero la denominada «maquila», consistente en una determinada cantidad de harina obtenida en la molienda.

Los otros trece se regían por el sistema de multipropiedad o «vecería», en el que cada vecino tenía fijados unos días u horas al mes para moler.

Iniciando esta ruta senderista —de gran belleza natural e importante valor etnográfico— desde la localidad de Buslaz, situada a siete kilómetros de la capital del concejo, en poco más de dos kilómetros nos encontraremos ya con la mitad de este conjunto etnográfico.

Todos estos molinos tienen sus particulares nombres y sus historias.

Sin embargo, algunos ya han desaparecido, como así sucedió con los de Pachón y Sotu.

Este último, de existir en la actualidad, sería el primero de los molinos que se hallaría al iniciar este recorrido desde la zona alta del río.

El Molín de Pachón se localizaría a mitad de la ruta en términos de la parroquia de Coru.

Más abajo del Molín de Sotu, cuya denominación la tomaba de la casería del mismo nombre, aparece un amasijo de escombros que corresponden al Molín de Carola.

En este caso el desprendimiento de una gran roca fue el causante de su estado actual.

Siguiendo por la orilla del río y por sendas frecuentadas por pescadores, nos iremos encontrando con molinos con nombres tan singulares como Molín d´Arriba, Rosicu, Peruya, Rea y Esprón.

Todos ellos se regían por el sistema de vecería.

De reducidas dimensiones, contaban con una sola muela y la construcción del edificio se compone de piedra de mampostería.

El interior se distribuye en una planta cuadrada o también ligeramente rectangular, con el espacio suficiente donde se alberga la maquinaria, una esquina donde encender un hornillo para calentar la intempestivas noches de molienda, y una pequeña ventana que por lo general suele ubicarse frente a la maquinaria con el fin de iluminarla desde el exterior.

Todas estas características las podemos apreciar en el Molín d´Arriba, que afortunadamente es el que en mejor estado de conservación se encuentra de todo el recorrido.

Los molinos tienen su personalidad marcada por los lugares donde se suelen ubicar.

Después de visitar el Molín de Esprón, cercano al de Rea y como él erigido en una amplia zona de pastos, llegaremos hasta las inmediaciones del Molín de La Peña.

A diferencia de los anteriores, ésta es una construcción de dimensiones más voluminosas, aunque su espacio interior sigue teniendo la misma distribución que los otros.

Pero en el Molín de la Peña también hay que detenerse para ver el paisaje que se nos ofrece, con la espectacular cascada situada justo al lado de la construcción.

Esta singular ubicación ha hecho que el Molín de la Peña sea aún hoy uno de los más conocidos en la zona, además de por sus pasados días de molienda, por su paisaje y su reciente recuperación.

En su interior se mantiene parte de la maquinaria, y más concretamente la muela fija o «frayón», así como el cajón donde iba cayendo la harina, el denominado «baranzal», compuesto por grandes losas de piedra.

Se espera que con una segunda actuación se logre recuperar la totalidad de la maquinaria y vuelva a moler.

Dejando atrás ya el Molín de La Peña nos toparemos con otros de estos ingenios, como el Molín de la Ullina, que se levanta entre una gran bancada de piedra natural y el mismo cauce del río.

Las crecidas provocaban en muchas ocasiones que la parte baja del molino quedara inundada y por consiguiente fuera de uso.

Por este motivo hay un refrán en la zona que dice: «El molín de la Ullina, muncha agua y poca fariña».

Pocos metros más abajo se encuentran los restos del Molín de Lalón, que se reducen a la canal de abastecimiento y los cimientos del edificio.

A lo largo del recorrido vamos viendo una serie de ruinas que se corresponden a los molinos de Pascual, uno de los pocos de propiedad particular, y los pertenecientes a la parroquia de Coro como los de Perniles, Perea y José Xico.

Este último tiene su particular historia ya que fue el último en cesar su actividad en el río Profundu.

Pero no moliendo grano, sino produciendo electricidad para los vecinos de la cercana localidad de Cayao.

Aún se pueden ver las modificaciones realizadas por su antiguo propietario en la maquinaria y los postes de tendido que subían desde el molino hasta el núcleo rural de Cayao.

En el tramo final de la ruta se suceden los molinos correspondientes a las parroquias de Lugás, Fuentes y Amandi.

En Lugás se encuentran los dos únicos del recorrido que cuentan con dos molares: el del Pitu y el de Trabanco.

En el primero todavía se puede visitar su interior, donde muestra las dos muelas que por sus características se dedicaban a la molienda de dos tipos de grano: escanda y maíz.

Por lo que se refiere al Molín de Trabanco, éste era, en realidad, una casa de rasgos típicamente asturianos.

En la planta superior se situaba la propia viviendas mientras que en la baja era donde se llevaba a cabo toda la actividad molinera.

Dejando atrás estos dos molinos nos iremos encontrando con los últimos de este singular trayecto.

En el Molín del Profundu, que como vemos toma el nombre del río, sólo quedan sus muros exteriores totalmente cubiertos de musgo.

Algo más abajo, ya en la parroquia de Fuentes, se encuentra el Molín de Villaverde y un poco más abajo, el Molín de Griselda, en la parroquia de Amandi, que se encuentra situado en una propiedad particular, aunque en sus días también prestaba servicio a las gentes de las parroquias próximas.

Nuestro itinerario llega a su fin.

Después de recorrer siete kilómetros por sendas, volvemos a pisar el asfalto en la localidad de Valbúcar desde donde todavía podremos ver, bajo el puente de la misma carretera, los restos casi tapados por la vegetación del Molín de Peña, situado al pie de una antigua tahona o fábrica de pan.

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